domingo, 10 de febrero de 2013

Michel Comte

En algún lugar he leído estas palabras puestas en boca de Michel Comte: “He vivido siempre al límite y si ya no tengo la sensación de riesgo me muevo inmediatamente a otra cosa. Probablemente he heredado eso de mi abuelo.”. 

También que es un fotógrafo autodidacta y ya sea en reportaje o en el mundo de la moda, siempre ha permanecido fiel a su estilo característico e inimitable. 

La verdad es que no podría asegurar que es inimitable, pero sí que sus fotografías son magnificas, distintas: ante ellas te sientas, te cuadras y las admiras. Ya sean personajes famosos, maravillosos desnudos o momentos del espectáculo del mundo de la moda. 

Esa forma de retratar al personaje, esa forma de captar su mirada (Sophia Loren para Vogue Italia en 1992, Iggy Pop para L´Uomo Vogue en 1992, Geraldine Chaplin para Vogue Italia en 1994 o Jeremy Irons para Interview en 1990) es inimitable; al menos para él que esto escribe. ¡Qué envidia (sana) de no poder captar esas miradas! Y no me refiero a las miradas de esos personajes en concreto, me refiero a la mirada del retratado. 

Y de la escala de grises que utiliza, ¿qué decir? ¡Joder, qué una maravilla para ser autodidacta! 

Los desnudos, de mujer y hombre, son toda una invitación a la observación. Si hermosas y delicadas son sus fotografías de Helena Christensen, Sonia Braga o Carla Bruni; no lo son menos las de Miles Davis o Sylvester Stallone. 

Tarde he llegado a este hombre, nació en 1954. Pero prometo desde este momento buscar y rebuscar su obra: disfrutar de esa forma tan particular y magnifica de mirar.

Miles en el ojo de Michel Comte



domingo, 27 de enero de 2013

Mi semana con Marilyn

Deliciosa película, deliciosa interpretación, deliciosa música, deliciosa Michelle Williams. 

Desde el primer fotograma me he quedado prendado de la historia: en el verano de 1956 un joven Colin Clark deja su casa y familia para hacer carrera en el cine trabajando como asistente en el rodaje de “El príncipe y la corista”, la película que interpretaron Laurence Olivier y Marilyn Monroe. Los recuerdos de aquellos días harán el resto. 

El cine es parte de mi existencia, de mi formación. Y la película que esta noche he degustado alimenta esa pasión. Lo que cuenta y, sobre todo, como lo cuenta: con ese rigor escénico de lo británico, y la naturalidad (frescura) de una deliciosa Marilyn permiten seguir atentos, y amarrados para siempre, a este noble arte. 

Laurence Olivier y Colin Clark estaban atrapados por Marilyn Monroe. Quien esto escribe quedó igualmente atrapado, pero en este caso por la bellísima Michelle Williams. 

Mi respeto para esta interesante película. ¡Lo siento por a quien no le guste!

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