domingo, 12 de febrero de 2012

Itaca Discos

Puestos a recordar, uno debe incluir en su memoria musical una magnifica tienda, “tiendecita” en aquellos tiempos, en el corazón del Badajoz intramuros, en la calle López Prudencio de Badajoz, llamada Itaca Discos. 

Cuantos buenos momentos pasé en aquella pequeña habitación que guardaba innumerables tesoros musicales, en formato vinilo, por supuesto; todavía no había llegado el soporte digital. 

Al frente de la misma estaba Antonio Covarsí, un personaje singular y sin par en el Badajoz de aquella época. Su amor a la música en general y a la clásica y al jazz, en particular, permitió formar a futuros amigos de la música. 

Acercarse por ella y bucear en sus estanterías repletas de discos era toda una aventura y un placer. Sellos discográficos como Discophon, Freedom o Storyville, despertaban y alimentaban mi afición y amor por el jazz. Tete Montoliu, Johnny Griffin, Eddie "Lockjaw" Davis, Stéphane Grappelli, Stanley Cowell o Barney Kessel hacían mis delicias. Muchos son los vinilos que hoy pueblan mi discoteca y muchos fueron adquiridos en Itaca. 

Con el tiempo la tienda cambio de lugar, se acerco al Badajoz más moderno. Después su expansión hacia Cáceres o Don Benito. Más tarde su desaparición. Y, después, desgraciadamente, la muerte de Antonio Covarsi. Lastima, con él se marcho un excelente fotógrafo, un maravilloso conversador y un amante en general de la cultura. 

Alguien decía que existen dos muertes: la física, la que supone la desaparición material; y la del recuerdo, la que perdura en algún lugar de todos nosotros. Y es evidente que Itaca (y Antonio) solo pasaron por la muerte física, pero no por la del recuerdo.

sábado, 11 de febrero de 2012

Sergio Larraín, (1931-2012)


Samuel Aranda



Enhorabuena a Samuel Aranda por su premio, el World Press Photo de 2011. La instantánea ha sido elegida entre más de cien mil imágenes realizadas por un total de 5.247 fotógrafos provenientes de 124 países de todo en mundo. ¡Casi nada!

martes, 7 de febrero de 2012

Rafael Sánchez Lobato

Sobre el Premio nacional de Fotografía. “No me lo esperaba. Me lo han dado tarde, a destiempo. Todo el mundo me decía ‘qué bien, menudo premio’. La verdad es que no. Mi premio fueron los 15 o 16 años durante los que estuve haciendo fotografías por los pueblos. Ese momento en el que descubres una situación o una persona que es justo lo que estabas buscando, es un momento impagable. No hay nada igual. El premio me ha dado un dinero que me ha venido muy bien. Pero si no me lo hubieran dado, pues no habría pasado nada de nada. Yo no busco reconocimiento. No soy nada ambicioso. Cristina (García Rodero) me aconseja que me deje querer, que exponga, que no sea tan salvaje”.

21 gramos

Tiempo hacía que deseaba ver la película “21 gramos”. Ayer, finalmente, me dedique a ello, y debo reconocer que quede francamente impresionado. La historia que cuenta, la forma en que lo hace (con esas constantes idas y venidas en el tiempo), la magnifica interpretación de los actores o la muy medida banda sonora, me atraparon desde el primer fotograma de la película.

21 gramos es un película de 2003 escrita por  Guillermo Arriaga y dirigida por  Alejando González Iñárritu. En el reparto destacan Sean Penn, Naomi Watts o Benicio Del Toro.

La historia se teje a través de tres personajes que la única vinculación que tienen, aparentemente, es la de residir en la misma zona. A partir de ahí se construye, de manera magnifica, una historia desgarradora y brutal donde los sentimientos de los personajes están en todo momento a flor de piel.

Cuantas veces he pensado que a lo que hacemos todos los días, a nuestra vida diaria, le falta una banda sonora, música que refuerce o diluya cada instante de nuestra existencia. Pues eso es lo que tiene la banda sonora de 21 gramos, una simbiosis perfecta con la historia y la imagen. La música es de Gustavo Santaolalla.

Y eso es todo, que no es poco. 

domingo, 5 de febrero de 2012

El novio de la muerte

Andaba el hombre sumido en sus tribulaciones. “¡Joder, pues la nevera está en buen uso; solo la puerta está un poco deteriorada!”. 

Indudablemente era una apreciación, como tantas. La nevera era digna de verla: un modelo algo en desuso y lista para entrar en la chatarrería. Pero es evidente que a nuestro personaje le llamaba la atención o le podría solucionar algún asunto. 

La escena se desarrollaba en una fría mañana de domingo, en una calle desierta del centro de la ciudad y a esas horas en que es un placer caminar y observar todo cuanto ocurre a tú alrededor. 

Nuestro personaje, dicho con todo el respeto del mundo, es uno de esos ciudadanos marginales que habitan, y han habitado, en nuestra ciudad y que bien darían para escribir una historia de la ciudad contada a través de sus miradas. 

Mirando a su perrillo se preguntaba: “¿Crees que nos cabrá?”. Su fiel compañero de viajes infinitos le miraba con esos ojillos de perro fiel acostumbrado a pasar mil penalidades. “¡Yo creo que nos cabrá!”, continuaba con su profunda tribulación. 

El personaje es real; “El novio de la muerte” creo que le llaman las decenas de personas que congenian con él. Tomo el enlace (la foto no me lo permite), para ilustrar el comentario, de una fotografía realizada por ese joven fotógrafo, joven y cada día más cualificado fotógrafo, llamado Emilio Jiménez Hidalgo. Ahí va su página http://www.flickr.com/photos/emiliojimenez/2839809334/sizes/z/in/photostream/.

viernes, 3 de febrero de 2012

Robert Capa y Fernando Penco

Ayer estuve en la presentación de un singular libro (libro que desde este momento prometo su lectura) y con un singular presentador, su autor.

Me había llamado la atención el titulo del libro, “La foto de Capa”, y ese reclamo fue más que suficiente para acercarme hasta la Diputación Provincial y ser testigo de lo que allí se celebraría. Ni que decir tiene que las palabras “foto” y “Capa” tienen para este torpe escribiente una singular atracción; y que por lo tanto es fácil que un reclamo tan básico o primitivo me pongan en marcha y acción.

Y allí, en el hermoso Patio de Columnas, estábamos unos cuantos, no muchos, interesados en la materia. ¿En qué materia?, me preguntaba en aquellos momentos: ¿en la fotografía?, ¿en la historia?, ¿en las dos cosas?, ¿en eso tan abstracto como la memoria histórica? o ¿en qué se yo?

Y el acto comenzó, y con ello las palabras de la mesa que presidía el mismo. Y cada uno de los intervinientes contó lo que le vino en gana. Y en esto llego el autor, Fernando Penco, y fue como una bocanada de aire fresco. Nos contó su historia y como llego a la escritura de este libro. Y al margen de lo que cuenta en él, muy interesante por cierto, es como lo cuenta y el apasionamiento que pone en ello. Con ese acento tan característico de las personas de Córdoba, nos embelesó (a mí, por supuesto) y nos mantuvo cautivos durante un largo rato para contarnos como su afición por la investigación y la historia, por el arte de los poetas (de la cámara, el pincel o el lápiz) le llevo a investigar y refutar lo que sesudos y eminentes especialistas habían asegurado durante largos años: que la foto de Capa sobre el miliciano no estaba realizada en Cerro Muriano y sí en Espejo. Y como una especie de David, él, había podido derrotar a Goliat con su certera investigación.

Pero, de verdad, a parte de lo interesante de la historia en cuestión, del buen trabajo realizado por Penco, de la calidad de la obra de Capa y de otras consideraciones; lo realmente impactante de la noche fue la frescura del autor, su forma de contarlo, el entusiasmo puesto en ello y el amor que en todo ello, también en la presentación, ha puesto al servicio de todos nosotros.