viernes, 12 de junio de 2026

Abdu Salim Sexteto en "Jazz en Montesinos"


Supongo, digo supongo, que la vida del músico debe ser dura; dura en el sentido de ese movimiento constante que deben soportar de un lugar a otro, expuestos a todo tipo de inclemencias o sucesos.

Don Antonio Machado ya lo expresaba con ese maravilloso poema: “Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar...”

Y viene este comienzo a cuento del concierto en Badajoz, en Jazz en Montesinos, del Abdu Salim Sexteto; un más que engrasado grupo que respira jazz por los cuatro costados: Abdu Salim (saxos y flauta), Bruno Calvo (trompeta), Miguel Barrones (trombón), Daahoud Salim (piano), Javier Delgado (contrabajo) y Nacho Megina (batería).

Y a ellos, en torno a un pequeño refrigerio, les comentaba lo anterior y, sobre todo, mi sorpresa de cómo esa fatiga y dureza se transformaba en alegría en el escenario nada más subirse al mismo. Hoy, como en tantas otras ocasiones, lo había podido comprobar en la prueba de sonido; tras el concierto mi comentario inicial se transformó en una verdad absoluta.

“Jazz en Montesinos” (propuesta de Fundación CB) sigue llevando el jazz al casco antiguo de Badajoz y lo hace para dignificar el mismo (para decirle a la ciudad que allí nació Badajoz y que no debemos volverle la vista), además de para seguir alimentando la profunda e histórica afición al jazz que existe en la ciudad.

Abdu Salim volvía a Badajoz. Tengo documentado, digo tengo, una visita a la ciudad un 22 de mayo de 1989 (en la RUCAB) y otra un 15 de noviembre de 2013 (en el XXVI Festival Internacional de Jazz). Alguien me habló de una visita a la histórica Sala Tragaluz, hoy desaparecida, que no controlo.

Y el sexteto, escuchado y visto el concierto que nos ofrecieron, nos llevó al cielo y a disfrutar de un jazz potente con paladas de swing tomado en su acepción más libre y flexible.

Una intensa línea de vientos metales, apoyados por una rítmica liderada por el menor de los Salim nos llevaron con la personalidad que otorga un grupo que parece curtido en mil batallas.

Abdu Salim había llegado cansado y triste por el retraso en sus transportes y por la perdida, en Madrid, de su saxo soprano. Pero nada pareció torcer ni alterar su puesta en escena. Porque cuando los músicos encuentran su lenguaje y ofrecen honestidad, se trasciende la partitura y se conquista la difícil cualidad de crear emoción, con independencia de la armonía, el ritmo, la melodía y la desenvoltura en la interpretación, todo va sobre ruedas.

En fin, un concierto vibrante y brillante que te predispone a degustar terrazas que minimicen el intenso calor que Badajoz sufre estos días.

En el recuerdo la larga conversación con Abdu sobre su azarosa e intensa vida, la américa que el conoció y a la que hoy no reconoce, la sociedad sevillana y, sobre todo y, ante todo, sobre su amada familia.

¡Gracias Abdu por trasladarnos siempre una música llena de colorido y energía reflejo de tu singular universo personal!

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