miércoles, 12 de agosto de 2026

Julián Ochoa y NOIR


Hoy disfruto de un nuevo libro de fotografía, un foto libro titulado NOIR. Y lo hago gracias y por mediación de ese enorme personaje singular del mundo de la fotografía que es Julián Ochoa.

De Julián Ochoa recuerdo y comparto muy gratos recuerdos y experiencias. Julián es un hombre, de amplia y continúa sonrisa, pegado al concepto fotográfico; creo recordar un comentario suyo definiéndose como “un fotógrafo andarín”, como alguien que llegó a la fotografía en la búsqueda de su primer amor.  ¡No me digáis que no es un personaje singular y adorable!

A este escribiente, que también ama la fotografía, le llegó la oportunidad de conocer a Julián a través del Festival Negativo Foto, un festival que desde Badajoz va intentando (¡consiguiendo!) consolidar la fotografía en Extremadura.

Julián nos trajo en aquella edición, recuerdo del 2024, un visionado de porfolios, tanto analógicos como digitales, aportando su experiencia en procesos analógicos tradicionales y de la memoria con su relación de la fotografía por la que pasa el tiempo. También de su mano tuvimos la exposición Anónimo.

Pero la relación con Julián siempre se ha mantenido viva, sobre todo con una proactividad por su parte digna de elogio. Recuerdo su propuesta de fusionar el jazz y la fotografía, con estas exactas palabras:

“Jazz y fotografía juntos. ¿Verdad que se te abre la cabeza para hacer algo parecido en Negativo Foto? Cómo lo ves, lo único que hago es "Liar". Esa es mi función. Nos gusta la fotografía y la música, pero sobre todo la amistad”.

O sobre el libro Anónimo:

“En esta semana os enviaré los libros de la expo anónima para vosotros y para Katy. El cómo han llegado esos libros a mi es un misterio porque no sé qué coño (Perdón) es esto de una exposición anónima. Quizás el transportista en su entrega se equivocó de domicilio o puede que fuese por un golpe de suerte.... si ... seguro que es por esto último ya que dicen que la suerte viene de tres en tres: ¡¡¡¡He sido abuelo este año, la salud me ha respetado y he conocido en Badajoz a una nueva familia fotográfica!!!!”

Y aquella de hacer algo con ese voluminoso cajón de servilletas de bares y cafeterías que guardo y atesoro:

“¡Esa colección tiene un proyecto!”.

En fin, Julián, siempre acordándose de los amigos y regalando amistad y tesoros fotográficos.

Y hablando de tesoros fotográficos, y de regalos, me llega NOIR, un libro colectivo (dirigido por Julián Ochoa) del que lo primero que debo destacar es su magnífica y elegante presentación en tapa dura y con buen papel. Un libro muy cinematográfico que huele a cine clásico, a misterio y a pura pasión. Un libro que recoge creativos y artesanales ejercicios de alumnos de Julián Ochoa.

Siempre admiré las películas en blanco y negro y esas escenas tan dramáticas que me inspiraban miedo y suspense. Un tipo de películas que formaban parte del género cinematográfico denominado "Cine Negro", con un uso especial de luces y sombras. La época dorada del cine negro se manifestó principalmente durante la era del cine en blanco y negro: entre la luz y la sombra se crea el ambiente visual del cine negro.

Y de esa estética del cine negro bebe la obra NOIR, que como bien define José Ramón García en el prólogo las fotografías que nos presentan pudieran ser “fragmentos visuales que podían pertenecer a una película nunca filmada…”.

Son fotografías donde se piensa, entiendo, en algunos personajes lugares y en su narrativa. No es una película, no interesa la trama, sino solo un escenario básico para realizar fotos haciendo cosas al personaje o al lugar con técnicas formales aprendidas en la escuela de Julián Ochoa.

Enhorabuena los fotógrafos, a Hablar Foto y, sobre todo, muchas gracias al amigo Julián Ochoa.

Finalizo este pequeño texto con algo escrito por mí un 29 de diciembre de 2024 que titulaba “A propósito de Julián Ochoa”.

“Julián Ochoa es un fotógrafo singular, muy imaginativo, que transmite a sus alumnos (algunos muy avanzados) una creatividad sin límites. Trabajar con él y para él debe ser, supongo, un ejercicio introspectivo que saca del alumno lo más florido y representativo de su universo visual.

En este libro que tengo entre mis manos (obsequio de Julián), devorado a través de mis ojos, presenta un ejemplo de esa creatividad sin límites. ¡Enhorabuena a esos fotógrafos anónimos y a su profesor!”


jueves, 9 de julio de 2026

Hans Christian Hagedorn nos deleita con una aproximación de Don Quijote al jazz


Mi afición por el jazz es larga e intensa; trabajada paso a paso, minuto a minuto, recuerdo a recuerdo, disco a disco, libro a libro, ….

Es por ello que, a lo largo de los años, me había encontrado con elementos que lo celebran y resaltan de diversas formas y composturas. Es decir, mi grado de sorpresa y celebración estaba prácticamente agotado.

Y digo prácticamente agotado porque, en esta ocasión, con la última incorporación a este universo diverso que abarrota mi casa he llegado a entusiasmarme.

“Andanzas de Don Quijote por el mundo del Jazz. Un catálogo de 250 ejemplos (1925-2025)” es la prueba del delito; un delito que emana de mi conducta típica, imputable solo a mí y del que me declaro culpable.

Y es que, el libro en cuestión, es una obra sin par, muy cuidada, muy documentada y bien editada. Sus responsables: Hans Christian Hagedorn (en la idea y en la escritura) y la Academia de Ciencias Sociales y Humanidades de Castilla-La Mancha (en la edición).

Hans Christian Hagedorn es un profesor de Filología Moderna en la Facultad de Letras de Ciudad Real que se había propuesto profundizar y desmenuzar la figura de Don Quijote con esa fuerza y saber que tienen los hispanistas. Con obras en 2007, 2009, 2011, 2016 o 2021 sobre “el caballero de la triste figura” nos enseña lo alargado y universal de este personaje inigualable e inclasificable que es Don Quijote.

En esta ocasión, 2025, se lanza a bordar un ensayo que involucra a varias áreas del conocimiento y que explora un territorio poco conocido: Don Quijote en el universo de la música de jazz entre 1925 y 2025. ¡Casi nada!

Y créanme, lo supera con nota; manifestando este viejo aficionado al jazz que he quedado sorprendido y gozoso al poseer el libro mencionado.

El cómo llego hasta mí es también digno de mencionar y resaltar. Un amigo almeriense, Ramón García, hombre del renacimiento (músico, conductor radiofónico, divulgador musical, escritor e investigador, …) y que admira el jazz tanto como este escribiente, puso la voz de alarma y a mi disposición el contacto con el autor, Hans Christian Hagedorn, que muy amablemente y generosamente me lo ha remitido junto una nota manuscrita que dice: “Estimado Emilio, le envío este libro por recomendación de nuestro común amigo Ramón García, espero que le guste. Saludos cordiales, Hans Christian Hagedorn”.

Estimado profesor, manifiesto por este medio mi total gratitud por el envío y admiración por la obra. 

¡Enhorabuena y larga vida al jazz!

viernes, 12 de junio de 2026

Abdu Salim Sexteto en "Jazz en Montesinos"


Supongo, digo supongo, que la vida del músico debe ser dura; dura en el sentido de ese movimiento constante que deben soportar de un lugar a otro, expuestos a todo tipo de inclemencias o sucesos.

Don Antonio Machado ya lo expresaba con ese maravilloso poema: “Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar...”

Y viene este comienzo a cuento del concierto en Badajoz, en Jazz en Montesinos, del Abdu Salim Sexteto; un más que engrasado grupo que respira jazz por los cuatro costados: Abdu Salim (saxos y flauta), Bruno Calvo (trompeta), Miguel Barrones (trombón), Daahoud Salim (piano), Javier Delgado (contrabajo) y Nacho Megina (batería).

Y a ellos, en torno a un pequeño refrigerio, les comentaba lo anterior y, sobre todo, mi sorpresa de cómo esa fatiga y dureza se transformaba en alegría en el escenario nada más subirse al mismo. Hoy, como en tantas otras ocasiones, lo había podido comprobar en la prueba de sonido; tras el concierto mi comentario inicial se transformó en una verdad absoluta.

“Jazz en Montesinos” (propuesta de Fundación CB) sigue llevando el jazz al casco antiguo de Badajoz y lo hace para dignificar el mismo (para decirle a la ciudad que allí nació Badajoz y que no debemos volverle la vista), además de para seguir alimentando la profunda e histórica afición al jazz que existe en la ciudad.

Abdu Salim volvía a Badajoz. Tengo documentado, digo tengo, una visita a la ciudad un 22 de mayo de 1989 (en la RUCAB) y otra un 15 de noviembre de 2013 (en el XXVI Festival Internacional de Jazz). Alguien me habló de una visita a la histórica Sala Tragaluz, hoy desaparecida, que no controlo.

Y el sexteto, escuchado y visto el concierto que nos ofrecieron, nos llevó al cielo y a disfrutar de un jazz potente con paladas de swing tomado en su acepción más libre y flexible.

Una intensa línea de vientos metales, apoyados por una rítmica liderada por el menor de los Salim nos llevaron con la personalidad que otorga un grupo que parece curtido en mil batallas.

Abdu Salim había llegado cansado y triste por el retraso en sus transportes y por la perdida, en Madrid, de su saxo soprano. Pero nada pareció torcer ni alterar su puesta en escena. Porque cuando los músicos encuentran su lenguaje y ofrecen honestidad, se trasciende la partitura y se conquista la difícil cualidad de crear emoción, con independencia de la armonía, el ritmo, la melodía y la desenvoltura en la interpretación, todo va sobre ruedas.

En fin, un concierto vibrante y brillante que te predispone a degustar terrazas que minimicen el intenso calor que Badajoz sufre estos días.

En el recuerdo la larga conversación con Abdu sobre su azarosa e intensa vida, la américa que el conoció y a la que hoy no reconoce, la sociedad sevillana y, sobre todo y, ante todo, sobre su amada familia.

¡Gracias Abdu por trasladarnos siempre una música llena de colorido y energía reflejo de tu singular universo personal!

lunes, 8 de junio de 2026

Con Jesús Ordovás. "The Storm" en Zafra (finales de los 70)


Hace unos días, en Badajoz, comentaba con Jesús Ordovás recuerdos del grupo sevillano "The Storm"; ahora transcribo lo que tengo escrito en mi archivo personal........


"He centrado algo más la fecha por las actuaciones que tuvieron por la región en aquellos días….. En Colón de Montijo estuvieron un 7/10/1978, luego es perfectamente factible este 4/10/1978 en la Feria de Zafra".

"No sabría precisar con exactitud la fecha, ni una aproximación de la misma, del concierto de esta poderosa banda de rock. Recuerdo el lugar, un pabellón del ferial de Zafra; la época, primeros días de octubre y lo bien que me lo pasé. Fue una poderosa, poderosísima descarga de una música que me aplastó contra mi asiento y que posteriormente me hizo saltar por los aires. Fue un portentoso concierto.

Eran aquellos años en que iba formando mi cultura musical, en las que uno, cual esponja, intentaba recoger todo aquello que me hacía sentir vivo, que me impulsaba a vivir. Lo que recuerdo perfectamente, es que el concierto se desarrollo durante los días de la Feria de San Miguel de Zafra, es decir, en el mes de octubre. Tenia yo por aquellos años la costumbre de pasar temporadas, en los días de feria y en casa de mis tíos, en el pueblo de mi madre.

Pero antes de seguir con el relato musical, merece la pena señalar la hermosura de Zafra, un importante nudo de caminos, siempre adornada de bellos paseos, plazas y jardines, que fue declarada Conjunto Histórico Artístico en el año 1965.

Pues bien, en esta hermosa población, tuve la oportunidad de conocer y escuchar por primera y última vez a The Storm, una banda muy de moda en aquellos días y que puso la nota rock en el ambiente.

The Storm (Luis Genil en teclas y voz, Angel Ruiz en guitarra y voz, Diego Ruiz en batería y voz y José Torres en bajo y voz) era un grupo sevillano de hard-rock-progresivo, con claras influencias de Deep Purple y ese sonido clásico de órgano Hammond. Grabaron dos lp's, el primero "The Storm" en 1974 y el segundo "El día de la Tormenta" en 1980. En su primer disco había temas instrumentales como, "Un señor llamado Fernández de Córdoba", "Crazy machine" y "Experiencia sin órgano", realmente fantásticos, cuesta creer que en aquellos años un grupo español sonase así (como una apisonadora). Los temas cantados eran muy buenos también, con un sonido similar a los grupos de Hard Rock británicos (Deep Purple, Atomic Rooster, etc.) que utilizaban el órgano Hammond a finales de los 60's y principios de los 70's. "I am busy" o "Woman mine" por poner dos ejemplos eran demoledores. Su único defecto es que cantaban en un inglés bastante rudimentario (en aquellos años, qué quieres...). Este disco es hoy en día una cotizada pieza de coleccionista.

Mi gran recuerdo del concierto: donde Diego Ruiz, el batería, reservaba una parte de su solo a tocar por bulerías, saliéndose de la batería y acompañándose de las palmas sin perder el compás para pegarse unas “pataditas” por el escenario hasta que volvía a la misma para continuar el solo y dar entrada al grupo".

sábado, 23 de mayo de 2026

"Vacada" de Felipe Zapico & Sol Cabañas


Así, de forma sencilla a través de las redes, llegó a mi biblioteca la nueva “locura” de SOL & ZAP.

  • Felipe Zapico: Buenas tardes Emilio, han quedado algunos ejemplares de Vacada después de la exposición en León, estás en la lista de espera y si te interesa un ejemplar….
  • Emilio: Buenas tardes. Si, me interesa.
  • Felipe Zapico: Esperamos que te guste.
  • Emilio: Ya te contaré. Seguro que sí.

Te cuento:

Siempre he sentido una especial debilidad por la figura de Felipe Zapico (antes de continuar, comentar que cuando escribo Zapico me refiero a la pareja SOL & ZAP). Zapico me inspira clandestinidad, rechazo del orden establecido y un nadar a contracorriente que, quizás, ha sido algo que he practicado o intentado practicar en alguna medida a lo largo de mi vida.

Conocí a Zapico, los conocí, con motivo de una exposición titulada "VisionES"; una exposición de fotografías en blanco y negro que es diferente a cualquiera de las exposiciones que tenemos ocasión de ver con asiduidad, tanto a nivel expositivo como conceptual. En ella, de una forma libre y nómada, nos traslada la visión de un documentalista que siente placer simplemente con mirar y disparar. Era, en definitiva, una bocanada de aire fresco.

Vino a continuación el libro “Bandada”, la traslación de una de las obsesiones permanentes de Zapico: las aves. El libro vino acompañado de una exposición clandestina en paredes de la ciudad. Allí, junto a Sol y Zapico, reedite mi juventud manchando mis manos de cola.

Después llego la publicación y exposición de “Bosque marcado”, una manifestación de su amor por el paseo y por los bosques donde el autor se recrea retratando troncos de árboles con signos, marcas, dibujos y hendiduras.

Finalmente, en mis manos, “Vacada”, un libro (también exposición) en el que nos trasmite, en esta ocasión, sus sensaciones y sentimientos hacia las vacas en el entorno natural. Otra vez, Zapico, observa, mira y dispara; y lo hace de una manera clandestina, silenciosa, sin alterar un medio natural y rural que tanto necesita nuestra ayuda.

La edición del libro es pura artesanía, su cubierta con el título y la autoría prácticamente en el anonimato (la clandestinidad), dan paso a un viaje fotográfico muy libre y respetuoso que, con pasión, nos llevan por ese universo Zapico que tanto nos hace disfrutar.

¡Enhorabuena, Sol y Felipe!

lunes, 18 de mayo de 2026

Universo Montoya


Tiempo tendremos de explorar la vida y obra de JAM Montoya, un fotógrafo cuyo trabajo desafió las convenciones sociales y se convirtió en sinónimo de una época cultural. A través de sus fotografías, Montoya, amenazó a la sociedad farisea y exploró su propia vida, dejando un legado imborrable en la historia del arte.

Continuará…….

viernes, 8 de mayo de 2026

Arturo Serra y Perico Sambeat en "Jazz en Montesinos", Badajoz

Joe Henderson en el ambiente, sobrevolando la actuación del quinteto de esta noche: Arturo Serra (a los mandos y vibráfono), Perico Sambeat (saxo alto), Juan Galiardo (piano), Miquel Álvarez (Contrabajo) y Roger Gutiérrez (Batería).

El nombre de Henderson viene al hilo de dos anécdotas surgidas en la tarde noche; la primera, la que recordaba mi amigo del alma Lorenzo Martínez, sobre la edición del Festival de Jazz de Badajoz de 1990, donde actuó Henderson por partida doble al caerse del cartel Perico Sambeat; y la segunda, por el cierre musical de la noche con una composición de Henderson (tuneada en palabras de Arturo Serra y con mucha energía en su desarrollo), “Black Narcissus”.

La formación liderada por Arturo Serra y Perico Sambeat, dos músicos de amplia experiencia y versátil conocimiento de la música, desplegó eso que queremos los aficionados al jazz: las mejores esencias del jazz. Composiciones principalmente de Serra y algún sublime estándar en forma de balada.

La sonoridad del vibráfono de Serra, con ese estilo frenético del más puro bebop, lo llevan a utilizar todos los recursos conceptuales y estéticos a su alcance.

Sambeat, considerado como uno de los grandes músicos de jazz españoles, es el contrapunto ideal de Serra; por esa característica de músico total, como intérprete y como compositor, y ahora como ayudante perfecto del sublime Serra.

Como complemento de los dos capitanes, un trío que tiene la oportunidad de adoptar un enfoque fresco y dinámico, honrando el jazz en su tradición, invitando a cada miembro a aventurarse en infinitas posibilidades de improvisación, manteniendo una estética abierta en su esencia.

“Jazz en Montesinos” de Fundación CB continúa alimentando la leyenda del jazz en la ciudad de Badajoz en esa sala tan característica y que recuerda, en muchos aspectos, a los clubes de jazz.

¡Larga vida al jazz!

lunes, 27 de abril de 2026

Paquito D'Rivera en el Mérida International Jazz Festival!

Las primeras notas del “Mambo influenciado” nos indican que la fiesta que Paquito y sus acompañantes han celebrado se encamina a su fin. “Mambo influenciado” es probablemente el tema insignia del genial Chucho Valdés; apellido éste que estuvo sobrevolando todo el concierto de esta noche: Bebo, Miriam o Chucho son ilustres representantes del mismo.

Pero Paquito es mucho más, es un Showman que domina el escenario y su tiempo como nadie. Se presentaba liderando un trío: Paquito D'Rivera (clarinete y saxo), Pepe Rivero (piano) y Sebastian Laverde (vibráfono), al que en algún momento se agregó Reynold Luis Cárdenas (oboe). ¡Un espectáculo muy variado y divertido, lleno de amor, humor y emociones inesperadas!

El elemento improvisación es fundamental en el jazz, también en los conciertos de Paquito, y por lo tanto nunca se sabe exactamente qué sucederá. Y sucedió eso, un paseo por la música latinoamericana y clásica preñados de arreglos jazzísticos. Algo muy natural para Paquito, pues nunca hace distinciones entre géneros musicales, adaptándose con facilidad a diversos estilos. Más con la afinidad personal y artística con los músicos que le acompañan, gente entrañable y profesionales de alto nivel. A ese respecto comentaba: “es siempre una tentación subirse al escenario con ellos”.

Pude comprobar como programaba las cosas que hacía para administrar los esfuerzos, colocando las piezas más difíciles en el principio del concierto. Recordemos que nació en 1948: setenta y ocho años le acompañan de una manera muy digna.

El programa incluía obras de Bebo, Chucho, Mozart, Chopin y otros compositores clásicos, fusionadas con jazz o blues.

Paquito D'Rivera, nació en La Habana en 1948, marchándose de Cuba en 1980 durante una gira por España y desde entonces ha sido una voz crítica constante contra la dictadura cubana. Cuenta como “en 1980 y durante seis meses, en Madrid, pasó días muy lindos y a la vez terribles porque estaba escapando de mi país. O mejor lo digo al revés: fueron meses tristes, pero por lo menos fue en España, con un grupo maravilloso de sudacas que me salvó la vida. Nos gustaba decirnos así, sudacas”.

Antes, en el camerino, tuve la oportunidad y la suerte de compartir unos minutos con Paquito para contarle y hablarle de aquel concierto que cuarenta años antes había ofrecido en Badajoz con motivo del 1er. Festival de Jazz de la ciudad. Un concierto del que recordaba el clarinete Selmer que llevó y que aún conserva y no utiliza. Y hablamos de libros, de “Mi vida saxual” y de un cuadernillo diario de un viaje por Rusia que había encontrado entre sus papeles y que pretendía publicar. 

Es curioso observar cómo la gente envejece, como el aspecto físico tiene incorporado las huellas del tiempo que transcurre inexorablemente; pero como, igualmente, su carácter se mantiene inalterable. En 1986, en Badajoz, me encontré a una persona divertida, amable y pizpireta; en 2026, en Mérida, me he encontrado a esa misma persona.

En alguna ocasión le oí comentar a Chucho Valdés que con 'Mambo influenciado' es cuando comenzó a nacer el Chucho que Bebo quería. No sé el Chucho que Paquito esperaba conocer; lo que si estoy convencido es que entre los dos nació una historia de amistad entrañable, de aventuras musicales compartidas que se remonta a más de sesenta años.

¡Por cierto, felicitaciones a los organizadores del Mérida International Jazz Festival! Todo mi apoyo para una larga vida al festival……………

miércoles, 22 de abril de 2026

Recordando a Paquito de Rivera 40 años después


¿Qué hacemos?, era la insistente pregunta que nos formulábamos los organizadores de este nuevo evento local, minutos antes de comenzar el concierto inaugural del 1er. Festival de Jazz de Badajoz; un concierto que venía de la mano del quinteto de Paquito de Rivera. ¿El problema?, se preguntarán. Sencilla la respuesta: el manager del grupo quería cobrar antes de la actuación. ¡Un problemón!

Pero comencemos por el principio, por explicar cómo se gestó y realizó algo inusual y nunca visto en una provinciana ciudad como Badajoz.

Escribir sobre el primer festival de jazz de Badajoz, es todo un ejercicio de reconstrucción de parte de la historia de la música de jazz en la ciudad.

Por aquellos días los Amigos del Jazz de Badajoz, asociación recién creada para canalizar el flujo de trabajo de unos pocos locos por esta música, tratábamos de asentar el germen de una programación estable que, pensábamos, había tenido su inicio con el concierto presentación de la Asociación con el grupo Madera.

Y qué mejor manera para establecer una buena base que dirigirnos a nuestro Ayuntamiento a buscar financiación de lo que entendíamos podía ser una larga y duradera historia de música y jazz para la ciudad. Y a ello nos pusimos, Lorenzo y yo, con un empuje y una dedicación digna de elogio. Mantuvimos una primera reunión con la concejalía de cultura y de la misma, tras exponer un brillante proyecto, sacamos calabazas.

Aquellas calabazas no hicieron otra cosa que despertar aún más nuestro interés en la organización de aquella muestra de jazz. Y volvimos a la carga con nuestro querido Ayuntamiento. Pero siempre, para que negarlo, obtuvimos un no por respuesta.

Pero mira por donde, por aquellos días mi cuñado Alberto, hermano de mi mujer y prócer de la ciudad, decidió casarse. Y la verdad que con tal acontecimiento nos vino dios a ver. A los Amigos del Jazz, me refiero.

Cuando digo prócer me refiero a que era concejal del Ayuntamiento de Badajoz; y por ello, dada su amistad con el alcalde, el llorado y a veces injustamente vilipendiado Manuel Rojas, fue uno de los invitados a la boda, una boda celebrada en la población cacereña de Hoyos.

El que esto narra, en principio, asistía a tal acontecimiento en calidad de cuñado del novio. Pero era evidente que me encontraba en un momento estratégico para intentar nuevamente volver las calabazas por “frondosas frutas de la pasión”. Y a ello puse todo mi empeño.

Pasada la ceremonia religiosa, recuerdo que los asistentes nos dirigimos hacia el cercano pueblo de Moraleja para celebrar, con abundancia, el convite ligado a la boda. Y las abundantes viandas y el líquido (por el alcohol) que acompañaba a las mismas hacían un excelente puente de acercamiento al alcalde. Y la cosa fue rápida; en un abrir y cerrar de ojos me acerqué al alcalde, y le expuse la situación y gestiones anteriores realizadas para nuestro ansiado proyecto musical. El alcalde, como no podía ser de otra manera, tomó el asunto como un proyecto magnífico para la ciudad y me aseguró que el mismo se realizaría sin ningún género de dudas.

Como se puede comprender, para mí, aquel era un día alegre y festivo dado lo que se celebraba en mi familia. Pero a partir de la buena nueva de nuestro alcalde se convirtió en un día inolvidable para la historia del jazz de Badajoz.

Lo que sigue serán días de trabajo frenético, de idas y venidas al Ayuntamiento, de conversaciones con los representantes de los músicos, preparativos del sonido, sala y todo lo que en definitiva lleva aparejado un evento de este tipo. Eso sí, los músicos y formaciones no eran cualquier cosa: Paquito de Rivera en quinteto y Kenny Burrell en trío. Conviene aquí recordar que nos encontramos en 1986 y que estamos hablando de una leyenda viva del jazz, el guitarrista Kenny Burrell, y del saxofonista alto del momento, Paquito de Rivera.

De los conciertos, de los cuales guardo grabación, solo quiero dejar constancia del nivel musical de ambos.

El del trío de Kenny Burrell, el 15 de noviembre, fue toda una lección de jazz y un magnífico tratado de técnicas musicales: guitarra, contrabajo (David Jackson) y batería (Kenny Washington) hicieron las delicias del público. No debemos olvidar que estábamos ante uno de los más destacados guitarristas que ha aparecido en el panorama musical tras la Segunda Guerra Mundial. Con una carrera de más de cincuenta años, Burrell ha resistido el arte comercial y las tendencias populares. Intérprete, arreglista, erudito y, sobre todo, uno de los mayores profesionales de la guitarra de jazz. Su estilo es distinguible y fácilmente reconocible, su trabajo explora nuevas posibilidades armónicas de la guitarra, manteniendo un fuerte enfoque swing. Conocido por su devoción y su versatilidad musical, Burrell se ganó la aclamación de todos los asistentes al concierto. En definitiva, un estupendo concierto que trajo a los buenos aficionados al jazz de Badajoz a un grande de la guitarra de jazz.

El concierto del quinteto de Paquito de Rivera, el 16 de noviembre, fue bastante más movido (en lo musical y en lo no musical). Daniel Freiberg puso el piano; Sergio Brandao, el bajo eléctrico; Ignacio Berroa, la batería; Claudio Roditi, la trompeta y Paquito de Rivera al saxo alto y clarinete. Así, uno tras otro, fueron apareciendo por el escenario del López de Ayala los amigos de Paquito de Rivera y el propio Paquito, que montó su propia fiesta para celebrar su visita a Badajoz tocando el clarinete y el saxo. Y así fue. Paquito, tras fundirse en un gran abrazo con los músicos e intercambiar bromas, tomó su saxo y empezaron a correr las notas con facilidad y gracia, en una mezcla improvisada de tendencias y estilos musicales. "Hay dos tipos de música: la buena y la mala", comentó el artista; "clásica, brasileña, jazz, flamenco, la música siempre es bella". Y eso es precisamente lo que nos ofreció este artista magnífico, un hombre que además sabe contar las cosas con ternura y sentido del humor.

Pero como comentaba anteriormente, este concierto tuvo algunas cosas más. Por ejemplo, el “numerito” del manager que los traía antes del comienzo del concierto: “o cobramos por anticipado, o no hay concierto”. Pues ya nos ven a Lorenzo y a mí buscando a nuestro querido alcalde, Manuel Rojas, por toda la ciudad para la firma de un cheque que aplacara el órdago lanzado por el representante de Paquito. Finalmente, tras una buena gestión de la policía municipal, pudimos dar con el alcalde y tener el deseado cheque. A todo esto, el público comenzaba a impacientarse por la hora de comienzo, ajeno a todo lo que ocurría entre bambalinas.

Y entre bambalinas ocurría, por ejemplo, las conversaciones del que esto escribe con Paquito y las fotos que también le realice. ¡Lástima no haberme fotografiado con él! Tampoco lo hice con Kenny Burrell. Si guardo una foto dedicada, por Paquito, a la chica que venía con el manager, que muy amablemente me cedió. Entiendo que el regalo de la fotografía, sería en justa correspondencia por haberle aplacado el enorme frío que tenía en el López aquella velada.

Y hasta aquí, los recuerdos de dos inolvidables noches junto al jazz y de lo que sería, sin ninguna duda, la base sobre la que reposa el hoy consolidado festival de jazz de la ciudad de Badajoz.

jueves, 9 de abril de 2026

Sobre JAM Montoya


Una ceremonia, como acto solemne y formal, regido por estudiadas normas es a lo que me he enfrentado ante la cámara de JAM Montoya. Quizá la palabra enfrentar no es la más adecuada, transmite combate; mejor encarar, por aquello de poner una cara frente a otra.

Montoya en estado puro es una de las caras; la cara del maestro, aquel que dirige y vive milimétricamente la ceremonia. Montoya es fotografía, respira fotografía; su cerebro y sus ojos son instrumentos al servicio permanente del mirar y crear. Es un artista que distingue, para ello se esfuerza, entre lo bonito, lo bello y lo sublime. El trabaja hacia lo sublime, aquello que causa admiración profunda.

La otra cara, este que escribe, un incondicional de la fotografía y de Montoya. Una cara entregada al maestro, que se entusiasma con cada uno de sus pasos, movimientos y comentarios.

Entre ambas caras, el retrato; un género fotográfico no siempre bien entendido y al que frecuentemente se le exigen imposibles.

Continuará….

domingo, 5 de abril de 2026

Conexión hispano cubana en la RUHC


Cuando escribo o hablo sobre jazz son múltiples cosas las que me vienen a la cabeza y, en ocasiones, me atropello y no centro el objeto del tema. Intentaré en esta ocasión no perderme en cosas más profanas.

He tenido la ocasión, en la singular sala de la Residencia Universitaria Hernán Cortés de Badajoz (RUHC), de presenciar la puesta de largo del nuevo proyecto de los incansables Javier Alcántara y Pablo Romero.

Es muy posible, seguro que así es, que esté cometiendo un primer error en mi comentario. Hablo de un proyecto de Javier Alcántara y Pablo Romero, cuando estaban presentes, muy presentes, Pepín Muñóz, Narciso González y un invitado muy especial, Ariel Brínguez.

Destacaba más arriba la singularidad de la sala; y quiero dejar claro por qué lo hago, por su escenografía y su peculiar sonido.

El proyecto, con vocación de permanencia según sus impulsores, está liderado por Ariel Brínguez, un saxofonista cubano técnicamente muy dotado afincado en España que tiende puentes entre lo aprendido de la tradición cubana y lo que percibe de la sensibilidad española.

Comentaba Ariel Brínguez durante el concierto lo emocionado y a gusto que se encontraba interpretando la música, un puñado de bellas canciones, de sus hermanos extremeños. Un puñado de bellas canciones que salen del imaginario de los hermanos extremeños; hermosos temas que no escapan a esa línea tan definida que nos llevan mostrando desde ya hace algunos años.

El concierto, por lo escuchado en su primera puesta en escena, puedo destacarlo como emocionante con un "trio de jazz muy rodado", con años de convivencia musical, química inigualable y un repertorio sólido.

Javier Alcántara es un tipo que se enamoró del jazz escuchándolo en directo y recibiendo ese flechazo definitivo que nunca le abandonará. Un flechazo que vino de la mano de Antonio Hart, pero que bien podría haber llegado de la mano de Pat Metheny. Desde aquel lejano “Namouche”, grabado con su amigo Pablo Romero, donde resume gran parte de sus años de formación y donde comienza a vislumbrarse su carisma de líder, hasta hoy, han pasado muchas cosas que han forjado y curtido a Javier Alcántara como uno de los músicos más destacados de su generación.

Qué decir de su amigo y fiel Pablo Romero: que cumple con el papel del perfecto sideman, ese tipo de pianistas que son valorados por su versatilidad, capacidad de improvisación y habilidad para potenciar el sonido del líder.

No debo olvidar la tercera pata de un banco sólido y bien armado, me refiero al dueño del ritmo y de las baquetas, Pepín Muñoz; ni a Narciso González, un todo terreno siempre dispuesto a lucir su buen fraseo con cualquiera de sus compañeros de escenario y que nos concede al público el placer de volver a escuchar la pasión y empeño que pone en toda su música.

Concluyo: me alegro de mi presencia en esta nueva etapa o proyecto de ese selecto grupo de incansables difusores del jazz extremeño que tratan de buscar un lenguaje personal del jazz construido sobre la verdad y la emoción.

sábado, 8 de noviembre de 2025

Marc Copland en Badajoz

Fotografía realizada por Emilio Jiménez Hidalgo

Lo he conocido personalmente con ocasión de su concierto en la XXXVIII edición del Festival de Jazz de Badajoz; el que llenó de vida la sala Montesinos 22 de Fundación CB.

Cuando uno echa la vista atrás y comprueba como una ciudad como Badajoz se aproxima a las cuarenta ediciones de un festival de jazz, no tiene más que sentirse orgulloso y un privilegiado de poder haber asistido a la visita de grandes personajes de esta maravilla que es la música de jazz.

Pierdan un poco el tiempo por las redes sociales y podrán comprobar como no son tantas las localidades españolas que llegan a este numero tan elevado de ediciones. ¡Gloria bendita!

Y comentaba que lo he conocido personalmente, porque musicalmente es un viejo y amado conocido de este que escribe estas notas. En un vistazo a vuela pluma compruebo que mi discoteca tiene, al menos, unas treinta y siete referencias a su nombre; en ellas no contabilizo donde ha sido fiel escudero de otros grandes músicos.

Si tuviera que utilizar un termino para definir lo que he sentido y percibido en mi contacto personal con Marc Copland sería la humildad, palabra que están jalonadas o apoyadas en la modestia y respeto.

Y lo encontré en esa jornada anterior al concierto haciendo lo que hacen los grandes músicos: practicando esa forma que lo hace un pianista excelso, prolífico, que explota al máximo las texturas y armonías de aquello que interpreta con su colosal maestría.

Alguien manifestó en su momento que el jazz sobrevivirá mientras haya forma de que la música llegue al público con la mínima interferencia estética. Hay veces que es más fácil que otras, pero hasta ahora siempre ha sido posible. Y eso es lo que Marc Copland realizó en el espléndido concierto que ofreció en Badajoz.

Un concierto a piano solo donde improvisó a partir del sonido y las sensaciones, sin un programa previo con las notas que iba a tocar, sino que elaboró a partir de los elementos presentes en una noche en el que se le veía cómodo e integrado con el público.

Marc Copland se ha convertido en leyenda, en un gigante tranquilo lirico, sensible y sublime que lleva la palabra del jazz allá por donde pasea.

¡Gracias por tu maestría y humildad, Marc!

jueves, 15 de mayo de 2025

Horacio Fumero en "Jazz en Montesinos"

Tras el concierto andábamos discutiendo sobre la edad del maestro Horacio Fumero. Y digo yo que mayor lo es, pero que no lo aparenta. Concretamente nació en el año 1949: ¡echen ustedes mismos las cuentas! Es como si se hubiera bebido y metabolizado la insultante juventud de sus acompañantes de esta noche.

Otra vez ha estado Horacio Fumero en Badajoz: y van……. Y otra vez ha dado una lección de buena música y de dominio de toda la suerte escénica. En esta ocasión liderando un quinteto que viene homenajeando al Gato Barbieri.

Si, efectivamente, aquel saxofonista argentino que quedó fascinado al mundo del jazz en la década de los setenta del siglo pasado. Aquel saxofonista argentino que rompió esquemas al fusionar el jazz con el sonido de Latinoamérica. Aquel saxofonista argentino que se presentó en el Festival de Jazz de Montreux de 1973 llevando a Europa y desde Argentina la modernidad del jazz norteamericano.

Y en aquella presentación del Gato en Montreux se encontraba nuestro protagonista, Horacio Fumero. Lo cuenta y lo canta con la gracia innata que lleva dentro: “Era un joven, por entonces intérprete de charango, que recibe el encargo de Gato de presentarse en julio de 1973 en Montreux. Me embarco en un largo viaje de casi un mes, en las cabinas de los oficiales de un carguero yugoslavo, desde Buenos Aires con destino Barcelona y de allí hasta Suiza”.

Y de ahí, Montreux, a la eternidad. Freddie Hubbard, Johnny Griffin, Woody Shaw, Benny Golson o Tete Montoliu, por poner algunos ejemplos, serán sus compañeros de vida. Después Chano Domínguez, Ignasi Terraza, Jordi Rossy, Albert Bover, Manel Camp, Jordi Bonell o Raynald Colom, disfrutarán de su maestría.

Y aquí continua hoy el maestro Horacio Fumero (contrabajo y charango), junto a su hija Lucía Fumero (piano y voz), Anggie Obin (flauta), Guillermo Calliero (trompeta y bandoneón) y Juan R. Berbín (batería) regalando a quien les quiera escuchar todo lo bueno de aquella fusión que el Gato nos descubrió allá por setenta del siglo pasado.

¡Gracias, maestro! ¡Te esperamos nuevamente por Badajoz!

sábado, 8 de febrero de 2025

Lola Santiago Quartet - Jazz en Montesinos

Poco antes del concierto le comentaba a Javier del Barco mi costumbre de guardar recuerdos de cada uno de los conciertos a los que asisto: fotografías o pequeños textos, según el día o la ocasión. A lo que me respondía que ellos podrían ser la fuente para alguna futura publicación; pudiera ser, le contesté.

Y a ello vamos con esta pequeña delicatesen que nos ha ofrecido el Lola Santiago Quartet en una nueva edición de “Jazz en Montesinos”.

Comenzaré recitando la formación: Lola Santiago (voz), Javier del Barco (batería), Enrique Tejado (contrabajo) y Miguel Ángel López (piano); sin olvidar, a la voz en un par de temas de la también pianista Laura Domínguez.

Para definir a una cantante tan singular como Lola Santiago, la cantante de la eterna sonrisa, diría que nos enfrentamos (mejor, que nos encontramos) con una voz cálida, muy hermosa, rasposa por momentos que se hace muy agradable al oído del público. Una cantante que tiene muy trabajado y aprendido un repertorio donde recupera canciones con arreglos contemporáneos y muy jazzísticos, que respetan siempre la esencia popular del autor de la obra. Canciones que nos hablan de la vida, de la muerte, del amor o de la belleza.

Además, con gran acierto, Lola Santiago se ha rodeado de un magnífico y muy rodado trio; un trío que sabe extraer y mostrar las virtudes de una voz tan singular como la de nuestra vocalista de hoy.

Javier del Barco, hombre polifacético, es un músico que trabaja su instrumento, la batería, desde hace ya muchos años; y que lo hace con maestría, profesionalidad y, sobre todo, con mucho cariño y conocimiento del instrumento al que extrae cantidad de aspectos sonoros que enriquecen en todo momento a la formación. Siempre que lo escucho pienso que escribe poesía sobre los tambores y platillos; por qué será, me pregunto.

Enrique Tejado, músico y profesor en plena madurez, es una lección constante de equilibrio dentro de la sección rítmica y una delicia para los sentidos, en especial para el oído. Un hombre para el que la música es un estilo de vida, que ha crecido con ella, ayudándolo a crecer como músico y como ser humano.

Y acabo con el descubrimiento de la noche (¡ojo!, descubrimiento para mí): Miguel Ángel López. Soberbio esta noche al piano. Músico, director de Big band, profesor de composición y armonía en Musikene y no sé cuántas cosas más. Insisto, esta noche soberbio; perfectamente acoplado con contrabajo y batería y siempre al rescate del cuarteto.

Y no me olvido de Laura Domínguez a la voz; una voz que susurra y acompaña a la protagonista de la noche; y que lo hace, como decía más arriba, para regalarnos canciones que nos hablan de la vida, de la muerte, del amor o de la belleza.

Insisto en lo comentado al principio de este texto: “son solo eso, notas para el recuerdo”.

¡Hasta la próxima!

domingo, 26 de enero de 2025

“¡Lo tengo en vinilo!” de Oscar Avendaño

Diego R. J. hojea el libro ¡Lo tengo en vinilo!

Llego a casa, vengo desaforado y nervioso. Subo inmediatamente a la buhardilla a comprobar que están allí; que no se han movido, que reposan, guardan y custodian toda una vida (o parte de ella) dedicada a vivir cerca de la música. Son, para aclararlo, cerca tres mil vinilos (quizás lo superen) que he ido atesorando desde que era joven o muy joven.

Me explicaré, ya que esta forma de comenzar un texto, no cabe duda, no es la más correcta ni académica.

Vengo de la presentación del libro “¡Lo tengo en vinilo!” de Oscar Avendaño; una actividad compartida por el Club de Conciertos Badajoz y Fundación CB, parida de una mente inquieta y singular como la de José María Morales, presidente y socio número uno del referido Club.

Ya más tranquilo, frente al ordenador, y en una habitación donde se guardan y custodian cerca de cuatro mil discos compactos (quizás más) y cientos de carpetas digitales (no me atrevo a poner número), comienzo a fantasear y recordar con el telón de fondo de la presentación vivida y disfrutada.

Comenzaré por afirmar que el libro “¡Lo tengo en vinilo!” es sobre todo la obra de un fan de la música, un ejercicio de recuerdos vividos que tienen como banda sonora los temas que propone nuestro protagonista, Oscar Avendaño.

Un Oscar Avendaño que, junto a Diego R. J. (si, el legendario locutor de Radio 3 y el Sótano) y Fernando M. Monzú (un varón de pelo ya no tan negro, con una estatura superior a la media, que se dedica a escribir), desgranará todas las historias que ha vivido a la caza del vinilo que buscaba, los lugares en los que finalmente reposaban esos vinilos o historias intestinas y secretas que pasaron en torno a esta locura llamada la del coleccionista de discos.

Y eso ha puesto en marcha mi máquina de la memoria. Una máquina que comienza con un intento infructuoso de saber cuál fue mi primer vinilo en esa extensa y vasta colección; un primer vinilo que, con gran seguridad, pertenecería a los discos de mi hermano (mayor y único hermano).

Pero claro, si eso es como ahora lo recuerdo, mi colección comenzaría a crecer de manera alocada (pero con criterio) en un afán de escuchar y atesorar todo lo que en cada momento recibía el visto bueno de mi voracidad musical.

¡Qué recuerdos!, ¡qué momentos los vividos buceando en las cajas de vinilos!; minutos que se alargaban hasta horas, donde una, dos o tres piezas eran el botín conseguido que pasaría, primero, a machacar la aguja del tocadiscos y después a un lugar preferente en algún anaquel de la discoteca.

Llegabas desbocado, nervioso por los cuatro costados, entrabas en aquellos templos, reducidos en espacio y amplios en material discográfico, y comenzaba aquella maravillosa y ya imposible historia de buscar entre los cajones de los discos a la búsqueda de aquel deseado LP que posteriormente desgastarías, por la cara a y la b, para después embolsar cual inalcanzable tesoro que pasaría a formar parte de la isla perdida de tu habitación familiar.

Los lugares: principalmente Badajoz, pero también Madrid o cualquier ciudad que se cruzase en mi camino. Sin olvidar las compras por correo en España o Estados Unidos (¡un sinvivir entre el pedido y la recepción del mismo!).

Aquellas maravillosas “Ítaca Discos” o “Ciclos”, en Badajoz, donde, a través de la maestría de sus gestores y propietarios -Antonio o Carlos-, se nos permitía tener un lugar donde peregrinar a buscar y escuchar nuestros discos de aquellos músicos que colmaban nuestro ansía de libertad: John Coltrane, Miles Davis, Return to Forever, Mahavishnu Orchestra, Frank Zappa o Tete Montoliu.

También, en Badajoz: Galerías Preciados o El Corte Inglés, y en Madrid: Discoplay, M.F. Discos, La Metralleta o Discos Melocotón permitían el crecimiento de la discoteca.

Y aquí estamos, escribiendo pero también asegurando que muchos de los discos que pasaron por la referida charla (la que da origen a estas atropelladas líneas) o por la memoria del que esto escribe “los tengo en vinilo”.

viernes, 24 de enero de 2025

Late to the Party - The Fried Seven


Por mediación de Carlos Ayuso (al cual expreso mi agradecimiento), llega a mi poder un cd divertido, vitalista y muy bien elaborado. Su título, “Late to the Party”, y la formación bajo la que graban, The Fried Seven, anticipan de qué va la historia: jazz de los años 20 del siglo XX.

En aquellos años la palabra “jazz” estaba comenzando a familiarizarse con el gran público y era etiqueta de cualquier orquesta que incorporara percusión o que hiciera un poco más ruido de lo establecido como normal. Años en los que muchos de los músicos de Nueva Orleans emigraban a ciudades como Chicago y Nueva York, popularizando el jazz.

Después, tras estas formas primigenias de entender el jazz en los Estados Unidos, vendría su rica y vertiginosa evolución: dixieland, swing, bebop, cool, hard bop, free jazz…. lo que daría paso a lo que hoy podemos escuchar por cualquier zona de nuestro planeta.

Y aquí tenemos un ejemplo de globalización, una banda multicultural y multinacional realizando dixieland y swing en pleno siglo XXI. Una banda, The Fried Seven, en la que destacan dos viejos conocidos para el que esto escribe: Carlos Ayuso y Pablo Castillo.

De ellos he comentado cosas como:

· Pablo Castillo, trompetista enorme y magnifico, dotado de un fraseo lírico dentro de un estilo musical duro como es el hard bop, encabezó su propia manera de entender la historia del jazz: una forma de ver en ella algo sobre lo que incidir, algo vivo con lo que dialogar o discutir, modificar y recoger para lanzar hacia el futuro con decisión.

· Carlos Ayuso, extremeño afincado en los Países Bajos, ha vuelto por su ciudad, Badajoz, para presentar su primera aventura como líder y compositor. Un proyecto que según el mismo manifiesta “atrapa al público con su energía contagiosa traspasando los límites del jazz sin dejar de ser fiel a sus raíces”.

Reconozco que lo que en el cd puede escucharse no es mi estilo jazzístico preferido (¡aunque le doy a todos los palos!); pero puedo asegurar en relación con la grabación: que nos encontramos ante un conjunto de temas que enriquecen la escena musical europea actual con sus electrizantes interpretaciones, donde juega un papel clave la rica herencia del jazz a través de los instrumentos e intérpretes de los mismos que nos aseguran un conocimiento muy importante de la historia de esta vieja y maravillosa música que es el jazz.

Carlos, enhorabuena por este nuevo paso en tu apasionante vida con el jazz.

domingo, 5 de enero de 2025

Ire Lenes - Archipiélagos

El frio se ha instalado definitivamente por estas tierras; es el momento elegido para disfrutar (como me pedía su autora) de su “Archipiélagos”, una obra dedicada a eso que ahora esta tan de moda: “la negación del contrario”.

Se escribe en el libro que “los archipiélagos se caracterizan por quedar unidos por aquello que los separa, el agua”. Frase que encierra una gran verdad en esta vorágine de “la negación del contrario”.

Ire Lenes, una licenciada en sociología con master en relaciones internacionales que abrazó la fotografía de manera autodidacta en 2013, nos sumerge en un universo que bien podría estar ahí al lado, ya que la moda de negar todo lo que no gobierna nuestras sienes es algo corriente y al cabo de la calle. No hay respeto por las minorías raciales, étnicas o culturales, imperando de forma peligrosa la intolerancia.

La fotógrafa nos pasea por Vilna, capital del país, para ofrecernos una amplia panorámica de las vidas de las minorías étnicas en Lituania, primera república en independizarse la URSS, donde cualquier aspecto que se vincule con lo soviético se mira con recelo.

Y lo hace, entiendo, realizando fotografías sin parar, saliendo con su cámara a observar la vida diaria, superando la timidez de observar y hacer clic al saber que algo hay en esa toma.

Y lo hace, entiendo, fotografiando lo que mira y admira; respetando a cada persona y situación por la que siente curiosidad por su forma de expresarse, de comunicarse o de relacionarse con el entorno. Parece decirnos que “si lo hace es porque lo respeta”, muy al contrario de lo que denuncia el proyecto que nos presenta.

Debo reconocer, reconocerle a Ire, que he disfrutado mucho de “Archipiélagos”, no sé si tanto como ella lo ha hecho en su viaje a Lituania; aunque, me arriesgo a manifestar, su nivel de satisfacción debió de ser muy alto por el resultado de este hermoso proyecto.

Ire Lenes, a riesgo de errar, parece indicarnos que ha llegado el momento de escoger un lado o de permanecer en silencio y ver como los otros se hieren o despedazan sin ningún sentido…………………….

viernes, 13 de diciembre de 2024

Ignasi Terraza y Antonio Serrano en Jazz en Montesinos


Volvía un grande, Ignasi Terraza, a "Jazz en Montesinos"; una muestra que comienza a dar signos de consolidarse como la otra gran marca del jazz pacense. Y en esta ocasión lo hacía a dúo, con otro gran musico como Antonio Serrano. Y lo hacían para ofrecernos un encuentro de “alto copete”: distinguido y de gran altura musical.

Ignasi Terraza (Barcelona, 1962) es un pianista, simbiosis de Oscar Peterson y Ahmad Jamal, con una amplísima discografía que ha paseado su pianismo por medio planeta y acompañado a músicos de la talla de Frank Wess, Lou Donaldson, Benny Golson o Nicholas Payton.

Antonio Serrano (Madrid, 1974) es un armonicista que se mueve a discreción en estilos tan diversos como el jazz, el flamenco, la clásica o el tango. Músico de amplia formación musical que ha colaborado con gente como Chano Domínguez, Jorge Pardo, Carles Benavent, Paco de Lucía, Toots Thielemans, Wynton Marsalis o Paquito de Rivera.

Comentado lo anterior, con ese bagaje vital y musical que presentan, solamente quisiera dejar constancia de lo espectacular de su concierto; un concierto que los llevó por las composiciones de Charlie Parker, Cole Porter, Toots Thielemans o Ignasi Terraza. Composiciones en la que demostraron que son dos voces sensibles, inquietas y virtuosas que llenan sobradamente con sus permanentes diálogos un escenario y una velada dedicada a esta música maravillosa que es el jazz.

¡Larga vida al jazz!

domingo, 1 de diciembre de 2024

Sobre la fotografía – Una jornada en Lisboa en cuatro actos y una despedida


Parafraseando a Susan Sontag, la inabarcable creadora y una de las más influyentes intelectuales de la cultura norteamericana, dejaré registro en estas breves líneas de una maravillosa e inolvidable jornada vivida en Lisboa por, para y sobre la fotografía.

Primer acto – De Badajoz a Lisboa

Badajoz ha comenzado a despertar, son las primeras horas de un sábado y sus calles transmiten tranquilidad y sosiego. Algunos viandantes, como el que esto narra, se dirigen a la puerta del MEIAC, el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo, con la idea de comenzar una sugerente visita a la querida y maltratada Lisboa.

Nos espera una larga e intensa jornada que comenzará con un viaje en autobús para un grupo de diecinueve personas que viajan ávidas de fotografía.

Hace fresco y el sueño invita a parapetarse en la somnolencia de los kilómetros que nos separan de Lisboa. El autobús se dirige a su destino en un silencio que solo se alterará con una parada técnica para el desayuno o con el avistamiento de un escenario brumoso de fondo, donde la capital portuguesa nos espera con sus barrios de aires bohemios y sus rincones detenidos en el tiempo.

Segundo acto – El taller de Luis Pavão

Nuestro protagonista, un hombre del Renacimiento llamado Luis Pavão, vive y trabaja muy cerca del hermoso Parque Campo Mártires da Patria, un lugar curioso por tener preciosos gallos en libertad paseando con las gallinas y su prole, junto a gansos, pavos o palomas por su cuidado jardín.

Unas pocas calles más abajo se encuentra el templo, el taller, de Luis Pavão: nuestro primer objetivo de la jornada.

Pavão destila sensibilidad por arrobas, pero también modestia, empatía con los que le visitamos; hay un auténtico entendimiento del guion que debemos desarrollar sin grandes discursos, sin alharacas, sin vanidad, ….

Nos enseña con mimo y fruición su mundo, su casa taller; y lo hace utilizando todo eso que seguro ha experimentado para seguir explorando el mundo de la fotografía, con la curiosidad de un niño de pocos años, el mundo que le rodea.

Y en aquel santa sanctórum de la fotografía, Luis Pavão, nos cuenta su modo de entender la fotografía, de cómo durante años con su cámara se encargó de capturar la Lisboa “no oficial”, aquella que estaba fuera del cuadro de las inauguraciones y de la idea de progreso vendida por el poder. A modo de un “diario visual”, de un trabajo que poseía la espontaneidad de lo íntimo, Pavão fue sacando instantáneas de aquella realidad que le salía al paso, con una capacidad y talento especiales para encontrar en lo cotidiano aquello que atravesaba el corazón del receptor al ver una imagen.

Y así, entre charlas y aparataje fotográfico, además de entre libros y discos de jazz, con la presencia de su amable y deliciosa pareja que nos ofrece pastéis de nata y un delicioso vino de Oporto, transcurre la intensa mañana.

El taller de Luis Pavão es la prueba y el documento de un intenso trabajo que deja constancia de todo aquello que está detrás de una obra que legará nuestro protagonista: un mundo creativo en torno a su primera pasión, la fotografía, un universo ecléctico en el que caben todas sus vivencias, desde el relato de pobreza y frío de su Lisboa vivencial hasta su pasión final por las fotografías intervenidas por su mano o la recuperación de viejas técnicas de la fotografía; todo lo que ha poblado sus afectos, su vida más íntima, su familia.

Tercer acto – Libros y más fotografías

Y, claro, los libros y más fotografías no podían faltar después de aquel atracón visual en el templo de Luis Pavão.

Para ello nos dirigimos, en primer lugar, al Archivo Municipal de Lisboa para sumergirnos en la 14ª edición de la Feria del Libro de Fotografía de Lisboa, donde se presenta un mercado de foto libros, con la presencia de editores y libreros que ponen a la venta tanto rarezas como las últimas novedades editoriales en el campo de la fotografía, dando a conocer al público su potencial, como futuros foto libros; un espacio para autores y pequeñas editoriales, y presentaciones de proyectos fotográficos de autor.

Comida frugal y veloz……………………. ¡No olvidemos que venimos obsequiados con natas y oporto!

Autobús y al MAAT, Museu de Arte, Arquitetura e Tecnologia, a disfrutar de la exposición de William Klein titulada “O Mundo Inteiro é um Palco”.  La exposición es hermosa y extensa, la retrospectiva más completa del célebre fotógrafo que he podido conocer hasta la fecha.

Cuarto acto – De Lisboa a Badajoz

El regreso es muy distinto a la ida; el día ha sido largo y bien aprovechado, pero la gente viene con ganas de hablar y trasladar a su compañero de asiento lo bien que ha resultado la experiencia.

El autobús avanza entre decenas de vehículos que intentan salir de una ciudad invadida de personas y coches; una ciudad hermosa que, con esta intensidad de visitas, puede comenzar a perder parte de esa hermosura que la han convertido en una de las capitales europeas más hermosas.

Despedida

Es de bien nacido ser agradecido; por ello, ahí van los agradecimientos que son más que merecidos: a Catalina Pulido y Lucía Castillo por la organización desde el MEIAC y a Laura Covarsí por ser nuestra conexión y traductora del buen hacer y maestría de Luis Pavão. ¡Gracias a todas ellas!

viernes, 22 de noviembre de 2024

José Carra y Gal Maestro en "Jazz en Montesinos"


La tarde ha estado gris y lluviosa, como presintiendo la llegada del invierno; de un invierno atmosférico.

Con esa premisa climatológica enlaza la segunda jornada de jazz con la que en noviembre nos ha obsequiado Fundación CB. A recordar, dentro de la programación del XXXVII Festival de Jazz de Badajoz, Shai Maestro (en un soberbio concierto a piano solo), al que se une el concierto de hoy: el dúo formado por José Carra y Gal Maestro (coincidencias de la vida, hermana de Shai).

Una constante del concierto ha sido la complicidad entre pianista y contrabajista; sus miradas, sonrisas y constante dialogo son la base de lo expresado sobre el escenario.

Clásica, jazz o la música popular desfilan por el universo musical del pianista y compositor malagueño José Carra; lo que hace de ese universo un espacio totalmente personal y reconocible.

También la formación clásica es seña de identidad de la contrabajista Gal Maestro. Nacida en Israel, con residencia en la localidad sevillana de Gines, es parte de varias formaciones israelíes o acompañante de distintas cantantes. Junto a su hermano Shai, también puede disfrutarse de su maestría al contrabajo.

Para la ocasión, temas originales de Carra, música clásica o músicas tradicionales, les ha permitido unir emociones y culturas musicales que tienen el denominador común del Mediterráneo.

Por cierto, en dos temas, por allí emergió la dulce y hermosa voz de Lola Santiago, una extremeña de Los Santos de Maimona, que recupera canciones desde una mirada contemporánea.