sábado, 25 de marzo de 2023

Cécile McLorin Salvant en el CCB de Lisboa


Comienza esta pequeña historia, mínima, con un plano secuencia que me sitúa recorriendo, camino de Belém, una ciudad de Lisboa que inicia su idilio con el color de la noche. Sin cortes, usando travellings y diferentes tamaños de planos y ángulos, me acerco ensimismado por lo que acontece a mi alrededor hacía una noche cargada de buena música.

Hace unos días asistí a la inauguración de una brillante exposición de pintura donde, su presentador (viejo y estimado amigo) nos ofrecía una aclaratoria explicación de los términos bonito, bello y sublime; todos ellos aplicados al arte. Y créanme que salí plenamente informado y convencido de la forma correcta de aplicar cada uno de esos términos al arte.

Pasados los días, con la lección bien aprendida, disfrutando de la hermosa y delicada ciudad de Lisboa, me encaminé hacia el Centro Cultural de Belém en la tarde noche del 17 de marzo.

Mi intención era enfrentarme (quizá nos el mejor término el elegido) al arte de la vocalista Cécile McLorin Salvant, esa chica que enamora en estos tiempos los escenarios que visita.

Y allí me la encontré, con una puesta en escena colorista y colorida, en un espectacular y abarrotado auditorio.

Disfruté del concierto, vaya por delante; disfruté de lo ofrecido por el arte vocal de nuestra vocalista y por la música que afloró junto a su cuarteto acompañante: Glenn Zaleski (piano), Yasushi Nakamura (contrabajo), Keita Ogawa (percusiones) y Marvin Sewell (guitarras).

Y para cumplir adecuadamente con esa voluntad epistolar o recordatoria que me he impuesto en esta impenitente y eterna afición que me acompaña, busqué muletilla para definir el concierto.

Y qué mejor muletilla que la definición de mi viejo y querido amigo sobre lo bonito, bello y sublime.

Bonito fue el concierto porque fue lindo, agraciado, de cierta proporción y belleza en su puesta en escena; bello por la perfección de sus formas, complaciendo a la vista o al oído y, por extensión al espíritu y, finalmente, sublime porque fue extraordinariamente bello y me produjo una gran emoción.

Cécile McLorin Salvant es una vocalista con una carrera fulgurante y dueña de una voz que todo lo puede. Se atreve con todo: del estándar o a lo más alejado de una vocalista de jazz.

El concierto giro en torno a su disco “Ghost Song”, una muestra más de la singularidad de la vocalista. Voz poderosa, con un registro incomparable, que domina la teatralización al narrar historias con sus canciones.

Plano final, antes del fundido a negro: el espectador, el que escribe, pasea hechizado por lo escuchado por la Lisboa más bohemia a la luz de sus farolas……….