domingo, 5 de abril de 2026

Conexión hispano cubana en la RUHC


Cuando escribo o hablo sobre jazz son múltiples cosas las que me vienen a la cabeza y, en ocasiones, me atropello y no centro el objeto del tema. Intentaré en esta ocasión no perderme en cosas más profanas.

He tenido la ocasión, en la singular sala de la Residencia Universitaria Hernán Cortés de Badajoz (RUHC), de presenciar la puesta de largo del nuevo proyecto de los incansables Javier Alcántara y Pablo Romero.

Es muy posible, seguro que así es, que esté cometiendo un primer error en mi comentario. Hablo de un proyecto de Javier Alcántara y Pablo Romero, cuando estaban presentes, muy presentes, Pepín Muñóz, Narciso González y un invitado muy especial, Ariel Brínguez.

Destacaba más arriba la singularidad de la sala; y quiero dejar claro por qué lo hago, por su escenografía y su peculiar sonido.

El proyecto, con vocación de permanencia según sus impulsores, está liderado por Ariel Brínguez, un saxofonista cubano técnicamente muy dotado afincado en España que tiende puentes entre lo aprendido de la tradición cubana y lo que percibe de la sensibilidad española.

Comentaba Ariel Brínguez durante el concierto lo emocionado y a gusto que se encontraba interpretando la música, un puñado de bellas canciones, de sus hermanos extremeños. Un puñado de bellas canciones que salen del imaginario de los hermanos extremeños; hermosos temas que no escapan a esa línea tan definida que nos llevan mostrando desde ya hace algunos años.

El concierto, por lo escuchado en su primera puesta en escena, puedo destacarlo como emocionante con un "trio de jazz muy rodado", con años de convivencia musical, química inigualable y un repertorio sólido.

Javier Alcántara es un tipo que se enamoró del jazz escuchándolo en directo y recibiendo ese flechazo definitivo que nunca le abandonará. Un flechazo que vino de la mano de Antonio Hart, pero que bien podría haber llegado de la mano de Pat Metheny. Desde aquel lejano “Namouche”, grabado con su amigo Pablo Romero, donde resume gran parte de sus años de formación y donde comienza a vislumbrarse su carisma de líder, hasta hoy, han pasado muchas cosas que han forjado y curtido a Javier Alcántara como uno de los músicos más destacados de su generación.

Qué decir de su amigo y fiel Pablo Romero: que cumple con el papel del perfecto sideman, ese tipo de pianistas que son valorados por su versatilidad, capacidad de improvisación y habilidad para potenciar el sonido del líder.

No debo olvidar la tercera pata de un banco sólido y bien armado, me refiero al dueño del ritmo y de las baquetas, Pepín Muñoz; ni a Narciso González, un todo terreno siempre dispuesto a lucir su buen fraseo con cualquiera de sus compañeros de escenario y que nos concede al público el placer de volver a escuchar la pasión y empeño que pone en toda su música.

Concluyo: me alegro de mi presencia en esta nueva etapa o proyecto de ese selecto grupo de incansables difusores del jazz extremeño que tratan de buscar un lenguaje personal del jazz construido sobre la verdad y la emoción.

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